Tierra de nadie en medio de Aranda de Duero

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Fotografía de Enrique Gil. CC-By

 

“Vas a perder el tren, y no va a volver”. Esta metáfora es la cauta advertencia de no dejar pasar una oportunidad. Sin embargo, en Aranda de Duero esta oración carece de este simbolismo, casi es una realidad. Cada tren que sale de allí puede ser el último en hacerlo.

La estación de Aranda-Montecillo se abre a finales de los 60, junto con la línea Directa de Burgos. El servicio ferroviario por Aranda era vital. Suponía una conexión con Hendaya y las capitales vascas mucho más corta que por la línea tradicional Madrid-Ávila-Valladolid-Burgos… Además, en tierras arandinas se asentaban varias industrias, entre ellas la famosa Leches Pascual. Entre Madrid y Burgos, este asentamiento puede ser el más importante, con solo seis mil habitantes menos que Soria capital y perspectivas de desarrollo económico.

Un enlace lógico, ¿cierto? Trenes de pasajeros quizás no más rápidos pero sí de viajes menos tediosos, y una vía de comunicación para transportar mercancías pesadas a Madrid o a Francia con menos costes monetarios y temporales. Incluso el primer tren AVE fue transportado por esta línea en 1992. Debería ser, dentro de la Red de Interés General, uno de los trazados ferroviarios esenciales de España, ¿no? Paradójicamente, no, no es así.

La línea tardó en construirse cuarenta años, empezó en tiempos de Primo de Rivera y acabó con la inauguración de Franco a mediados de los 60. Cuarenta años de gestación, cuarenta años hasta la defunción. En 2011, un derrumbamiento en Somosierra echó abajo las esperanzas de un camino de hierros que llevaba veinte años de progresivo declive e inexplicable abandono. Una máquina de mantenimiento fue la única víctima del derrumbamiento. Gracias al interés de las autoridades pertinentes por reabrir la línea, esta máquina sigue pudriéndose ahí dentro.

En la pequeña ciudad arandina, la vida sigue en la estación. El edificio de principal acoge a dos familias en su planta superior. Entre el balasto han crecido hierbas altas, que camuflan la mayoría de los raíles, oxidados por el no-uso. Una vieja plataforma giratoria, recuerdo de otros tiempos, es vertedero de bebedores callejeros a tiempo parcial. Compagina esta actividad con la de merendero, como delatan las cáscaras de almendras y nueces. Aparte de esto, la poca gente que a luz del día transita por allí da cortos paseos o se dirige a las pistas deportivas cercanas. Si no fuera por ellas, esta zona entre la urbe y las factorías sería una tierra de nadie, con absoluta aspereza castellana.

El final del lugar no ha llegado. El desenlace es incierto. Aunque los trabajadores de la próxima estación de autobuses local no se han percatado, cada día baja de Burgos un tren para recoger un convoy de bovinas metálicas, con la pausa de los findes. El compromiso por revivir el tráfico por esta tierra que huele a asadores y a lechazo es digno de la resistencia espartana, tanto a nivel local como en los pequeños pueblos del norte madrileño. La Plataforma por la Recuperación del Directo debería regocijarse en el primer logro básico, el compromiso de Castilla y León y Madrid para defender la reapertura del tren por Somosierra ante todopoderoso Fomento. Es motivo de alegrarse que las estructuras regionales afectadas den reconocimiento a la demanda, pero no deben bajar la guardia por ello. Nadie ha firmado un solo papel que determine el futuro de nada. Todo está en el aire, y en está etérea situación, cualquier tren que sale de Aranda todavía puede ser el último en hacerlo.

 

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2 thoughts on “Tierra de nadie en medio de Aranda de Duero

  1. Y lo de la línea de Ariza también es criminal uqe se inventaron las cifras para justificar gastos que no había y así decir que era deficitaria y cerrarla. ¡Vías verdes no, reaperturas si!

    Le gusta a 1 persona

    • Sí al tren, ¡buenas tardes! En primer lugar, muchas gracias por detenerte a leer y comentar mi texto. En segundo lugar, ante un tema tan serio como el que expones, ¿hay alguna fuente en la que pueda documentarme de ese caso?

      Por último, y no menos importante, apoyar tu último comentario pero con matices: sí a las vías verdes, pero no si eso supone abandonar deliberadamente redes que están en buen estado y que pueden y deben continuar dando servicio.

      Un saludo

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